No conozco otra manera de sentir
Fluctuar de un valle profundo a la cima de un tirón en milisegundos repetidas veces en un día, cosa cotidiana
Todo varía a mis adentros tan rápido
Tanto disgregado
Cambiar de silla como se respira, ver todos los ángulos, sentir las sensaciones todas,
todas
Mirar como desde un vagón todas las posibilidades bailando mientras divago
Burlonas pasean
Desfilan en mi nariz
Cada situación despliega un nuevo menú detallado
Tan pronto como voy mirando ya se plantaron cinco caminos,
No siempre es igual
Mas bien lo contrario
Siempre varía
Pero siempre
Siempre
Siempre sucede mientras se tallan en mis pieles todos los sentires posibles, en todos los bosquejos
Que solo quedan en eso
Bosquejos
Bosquejos de mi mente que elabora arte intangible, estéril
Pudoroso, vergonzoso.
Quiero también del puerto un poco del mar
Algo que apacigüe en un vaivén, que aunque impredecible, persiste, nunca acaba, siempre se impulsa, inagotable
Algo que humedezca un poco este aire que atora, ahoga
Que revolotee el pelo de rocío y le de tregua a la piel
Que varíe las presiones y genere ventiscas que limpien, que oxigenen
Que hagan volar las hojas secas y se lleven las semillas a tierras fértiles
Un poco del puerto...
Cerros de tantas piernas cansadas
Vientos de tantos suspiros
Arenas de tantas piedras
Formando el colchón de playa.
Un poco de esa desesperanza vestida de bohemia
Un poco de ascenso a rieles, de ese que cruje pero alcanza
Unos cuantos murales que me griten lo que siempre olvido
Uno que otro organillero que interrumpa la cadena caótica de mi pensar
El contraste de lo bello y lo vulgar
Del arte y lo mundano
De hacer arte de lo mundano
De eso que avergüenza, que sonroja
Que incomoda, que alborota
Llevo un poco de ese puerto en mi cuerpo
Cargo un poco de ese aliento en el pecho
Desprendo un poco de mi adentro en sus vientos
Me desintegro.