tanto quema en mi interior el dolor que voy tiñendo de él todo a mi paso. De un filtro gris mis ojos hinchados deslavan los colores de todas las horas. Me paso caminatas pensando cuánto se desgarró la montaña en su formación ¿le dolieron los vientos? ¿sus desprendimientos?
el frío me cala las manos y congela mis ganas, consume mi llama.
poco a poco voy sintiendo el peso, como estalactitas en mis huesos, penas de tantos años, bases de tantas nuevas que engrosan el filo punzante ¿cuándo el andar se hará liviano?
¿les dolerá a las flores marchitarse? Desearía que fueran inmunes, que todo su cuerpo se haya desprendido de ese pétalo que comienza a lastimarse, que ya ni sienta esa parte. Desearía la muerte inmediata, no sentir cómo avanza, no sentir cómo mata.
marchito mi adentro, va avanzando lento.
¿se resiste la nieve a aguarse? ¿se desangran las hojas mientras se anaranjan? ¿cuánto resiente el árbol el desvestir violento del otoño? ¿cómo hace para no desarbolarse, dónde esconde su esencia que aún en la desnudez la conserva?
¿por qué mi dolor me envenena? ¿por qué no me deja ver que, quizás, solo todo danza en un ciclo infinito y perfecto, que todo lo que muta es porque está listo para mutar, todo lo que se suelta es porque cumplió su tiempo? y ¿por qué no termino de aceptar que es el tránsito natural para que la primavera tenga lugar? ¿solo debo deshojarme y resistir el frío crudo del invierno, engrosar mis troncos, hidratar mis raíces y soltar lo que no puedo cargar?