martes, 16 de junio de 2015

El universo es rugoso, pero
me entrega consuelos vestidos de un pastel de mamá, 
me muestra lecciones de perseverancia en una mirada de papá,
me apuñala, sí que me apuñala, 
y luego limpia las gotas de sangre con un consejo de hermana, 
mece mis miedos como jugando con ellos, 
mientras me invita meciendo a un lado la valentía de mi hermano.

No sé realmente qué es este universo, 
quizás es un libro doblado en forma de cordilleras, 
con un clima confuso de playa y de interior.
Hay veces que me llueve con flores,
otras en que los rayos quebrajan todos los refugios,
pero siempre hay cuatro estrellas que me incluyen en sus juegos. 
Tenemos juegos de reparos, contracaras e ironías, 
pero siempre hay partidas de amor, halagos y agasajos.

Una pregunta preocupada con una fragancia de solución, una distancia que asegura incondicionalidad, un oído sostenedor de todo y una cosquilla que busca el desaturdimiento 
son regalos que este universo movedizo me envuelve y firma con sigla JJAT. 



viernes, 24 de abril de 2015

Ahí estaba, luego de infinitas dudas, de arrebatos, de lágrimas y miedos; ahí estaba poco a poco descendiendo. Ya no había más que hacer. No sé si a mi favor o en mi contra tenía todas las fuerzas que anulaban cada intención de escapar de ese momento.
Mientras caía, el deseo invencible que sentí antes de lanzarme comenzó a ser nublado por un miedo creciente. El viento acariciaba mi cuerpo, mis músculos se contraían, mis ojos, antes tan seguros de haberlo visto todo, se deslumbraban con cosas inimaginables. De un momento a otro el tiempo parecía haberse detenido pero luego la velocidad era increíble, la distancia cada vez se acortaba más y aún no podía definir si mi arrepentimiento era tan grande como el repudio que sentía por mi vida antes de saltar.
El tiempo se acababa, imágenes en mi cabeza comenzaron a bombardearme; rostros, sonrisas, llantos, logros, abrazos, hasta que mis ojos alcanzaron a ver el cemento tan crudo de la acera tan cercana. Ya iba llegando; preparé mi cuerpo, como si de algo sirviera, para el peor y último golpe de mi vida. Apreté mis manos con fuerza y esperé…
El minuto se hizo eterno y lo que fuera que estaba esperando nunca llegó; poco a poco mis pies fueron sintiendo la arena, y con un par de nuevas respuestas y el recuerdo latente del temor vivido comencé un nuevo camino.

sábado, 21 de febrero de 2015

Tendida, rendida y exhausta,
observo lentamente buscando saber cuál es mi actual paradero...
No hay luces, no hay velas,
ni siquiera la supuesta luz natural que llevas...
¿Se habrá acabado?
Los dolores afloran,
no se molestan en dejarme...
Sí, es otro vano intento de engañarme.

Sólo quiero renunciar,
no más dolor, no más sentir
¿Dónde y cuándo va a parar?

¡Tantas equivocaciones!...
cuánta soledad, cuánta tristeza.
Que ilusa fui al pensar que no volvería a este lugar nunca más.